lunes, 19 de mayo de 2014

Rosa, sus desdichas.

Ciertas veces te gustaba caminar por aquellas calles pálidas y frías
te abrigabas tanto que las ganas se te dormían, jamás dejaste de venir a la Rue-trepat, jamás dejaron de sonar tus tacones. 
Eras tan mujer, pero la niña se te asomaba bajo tu falda
tus pechos iban de acá para allá y de allá a mi cama
eras mi amor, eras mi Rosa.
Mujer, ¿cuantas veces dejamos de amarnos por querer dormir?
cuantas veces las sabanas estuvieron secas cuando debieron de estar húmedas
la noche se hacia de ladito para contemplar un amor loco y efímero...
Rosa, Rosa... Tan bonita que sos vos, tenes esos ojos tan distraídos, tenes la sonrisa torcida y la cicatriz junto a tu ceja. Sos tan bonita Rosa, se te ven esas arrugas cuando sonreís, tu cabello a veces pasa a otoño y cientos de ellos caen al piso, tus rodillas son cada vez más pálidas y vos... Vos sos cada vez menos mía.
Discúlpame Rosa, disculpa por los girasoles que te causaron alergia.
Me siento tan idiota al recordarte dormidita junto a mi, siempre tan fresca, aquellas pecas que cubrían tus pechos, mi amor.
Ojala vengas algún día o quizá una tarde o quizá hoy, no importa Rosa podes venir cuando quieras
veni hoy Rosa
amemonos hoy, por favor.

Jaime. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario