domingo, 29 de diciembre de 2013

Amado mío...

Le recordaré cada mañana que el es mío
Le enseñare las utopías que nos envuelven por la noche
Le recordaré que la apatía un día nos ha de separar
Le besaré por las mañanas y le amare por las noches
Jugaremos al crepúsculo y seremos casi eternos
Le dire que le quiero mientras el solo escuchara sin mirarme
Le tomare de la mano y el me soltara por el sudor que su mano tendrá 
Le dedicare mi vida y quizá alguna melodía 
Le mirare a los ojos mientras intenta dormirse 
Le abrazaré por las tardes mientras vuelve del trabajo
Le lavare la ropa incluso sus penas
dejare que dude de mi y de mi querer, solo por un instante
Le confesare que le engañe con la soledad y quizá el se marchara por que no comprenderá
Le ayudare a sostener las palabras que me dañaran  


Le extrañaré en los inviernos por que se muy bien que ya no estara.





miércoles, 25 de diciembre de 2013

Posdata para un extraño.



Sé que llegaras diferente
puedo sentir que esta vez ni siquiera tomaras mi mano
sé que no caminaremos por aquel oscuro parque
sé que llevaras puesto ese abrigo que guarda tu fragancia
sé muy bien que diras las palabras incorrectas
sé también que eso me dolera
algo me dice que esta noche será nuestro final
sé que tu mano no cargara una rosa
sé que tus labios se alejaran de los míos
puedo ver que vienes a lo lejos con un paso duro y rápido
sé que esta vez no me diras que me quieres
sé que no sonara más nuestra melodía preferida
sé que pintaras dudas y excusas en el viento
el invierno llegó a ti una vez más y con el trajo un adiós
sé que guardaras las promesas en una oxidada caja para luego dejarla por ahí y que el polvo la cubra
sé muy bien que secaras mis lágrimas y diras que es por nuestro bien
imagino que Neruda ya no sera parte de nuestras tardes
sé que el piano se cansara de esperar ser tocado por ti
sé que las fotografías se iran quemando poco a poco 
sé que ya no llamaras por la linea telefónica para decir Buenas noches
San valentín volvera a recordarme tu ausencia
abril traera tu recuerdo mientras Octubre luchara por olvidarte
Sé que voy a amarte sin esperar respuestas
sé que un día me recordaras y ya no sonreirás

Tus manos se entumecerán con el invierno, mientras ella te prepara café y te dice te quiero...
sé que la habitación quedara llena de momentos 
sé que la cama extrañara cuando nos amabamos
sé muy bien amor mío que seras recuerdo.


sábado, 21 de diciembre de 2013

Me enamore de una mariposa.

La pobre mariposa ya no puede volar más
parece que se a cansado de no llegar nunca a ningún lugar
a perdido su color y sus alas parecen un poco apagadas
La mariposa se sienta en aquel banco que queda frente al café
se le ve triste y un poco distante

****
Voy cada mañana al mismo café solo para verle un instante
a veces no esta, otras incluso se sienta y permanece en ese mismo lugar por infinitas horas
carga algo en su frágil espalda quizá sean los años o quizá las penas, parece ya no soportar más
nunca deja de mirar al horizonte tratando de buscar algo, nunca tiene un periódico o al menos un libro, siempre esta sola
nunca se le ve una sonrisa en el rostro y siempre baja algo de el, quizá sea que dentro de ella también llueve

¿Por que no puede volar esa mariposa?

****
Esta mañana pase junto a ella pero parece que no logro notarme, parece que la invade un huracán de pensamientos en su cabeza
cada día pierde su color y sus patitas se ponen más delgadas. 
Ante los ojos de cualquiera ella pierde su belleza natural, cada día la vida le otorga un golpe de desdicha y algo de tristeza
pero para mi parece el ser más bello que yo pude apreciar aquella tarde, parece que cada día se vuelve más ella
se vuelve un poco más delicada dejando ver su interior y su verdadera belleza.
Me aterra la idea de un día asomarme a su realidad y preguntar por que esta tan sola o quien le daño las alas.
Quiero ayudarla, quiero cuidarla que sepa que alguien le ama más allá de los limites, quiero que sea mía
Quiero despertar y mirarla junto a mi, que el sol cubra su pequeño rostro dejando ver su hermoso color.

Me sorprende la idea de amarle, de poder acariciarla cada mañana, incluso de dormir junto a ella cada noche, es un poco enfermiza esta idea
pero al mirarla supe que la amaría cada día más, fue su inocencia que se coló en mi interior y despertó este loco amor
fue la tristeza en sus ojos que me llamo a querer cuidarla
fue su serenidad y frialdad ante la vida que me dijo que con ella mis días serían un total y vasto infierno
que cada noche al hacerla mía sufriría una metamorfosis que me dejaría exhausta pero que me llenaría de placer
fue su piel que me llamo, fue ella, fue esa mariposa.

Juro que quería hacerla mía, y ella en un momento se habría dado cuenta de eso
cada mañana al mirarla la convertía en pasión incluso en amor. 


Entonces supe que ya no estaba sola, 
pero eran mis propias barreras las que no me permitían abrirme para compartir mi vida con esa mariposa 
Soy mi peor enemiga, son mis temores -me decía yo misma. 
Intento encontrar su mirada, que sea aquella persona quien dé el primer paso, pero sé que eso no sucederá
Sé que ella esta tan lejos de mi, tan oculta en si misma, sé que nunca será mía más solo de ella misma.

***

                 



lunes, 16 de diciembre de 2013

Irrealidad.

     Parecía una escena en cámara lenta. Los segundos se volvían eternos, se podía pensar una y mil cosas entre cada movimiento de la aguja del reloj de pared. Los números eran grandes y el segundero de paseaba sin apuro entre cada uno de ellos. El marco azulado resaltaba en la pared aún blanca, como no sería en unos segundos después.  Aún no recuerdo porque le prestaba tanta atención al reloj, debió ser por la posición de mis manos detrás de la cabeza que me obligó a mirar hacia arriba. Me temblaban las extremidades, no controlaba mi cuerpo. Estaba siendo controlado por química pura, la adrenalina circulaba por mis venas pero no podía hacer nada para lo cual me era útil: pelear o huir. El sujeto a mi lado, un hombre mayor de unos 50 y tantos, compartía mi situación de nerviosismo, pero con un control distinto del usual, su mirada era calma, como si ya hubiera pasado por una situación así, o aún peor, como si supiera cómo iba a terminar. Tenía una gran contusión en el ojo derecho y aun así expresaba pasividad con su  rostro.  No quise mirar que sucedió después de que el sujeto apoyó su arma en la parte de atrás de la cabeza del hombre. Yo no era tan fuerte, no era capaz de hacerlo. Cerré mis ojos y aunque no quería, sentí deslizarse una lágrima que termino por fluir. No era el miedo lo que logro quebrarme, era la impotencia. No pude continuar mi pensamiento cuando un estruendoso sonido inundó la habitación. Me dejó sordo de un oído, y aunque estaba de rodillas, me hizo perder el equilibrio y caí de lado. Mi cabeza dio contra el suelo de cerámicas, y eché un probablemente último vistazo a la habitación. La pared ya no era blanca, el decorado arruinado por lo escandaloso de la situación, el lejano espejo por el cual vi reflejada lo que me pareció la sonrisa del perpetrador.  La sangre había logrado llegar a la pared que se ubicaba unos 3 metros por enfrente de nosotros. Las gotas caían vagamente, dibujaban ramificaciones que parecían interminables. Mi mente se había resignado, no buscaba salidas, reflexionaba sobre el fin. El reloj a todo esto, había avanzado solo 30 segundos desde la última vez que lo vi. Cerré los ojos, mis sentidos se agudizaban, podía oír respiraciones, podía sentir vibraciones en el suelo. No sabía que esperar, así que quedé  en esa patética posición. 
 No sabría decir cuánto tiempo pasó, debido a que al abrir los ojos todo había cambiado. El reloj no estaba en la hora correcta, los objetos habían cambiado de posición. Me puse lentamente de pie, hice un par de torpes pasos producto del shock. No halle cuerpo alguno, pero la ramificación de sangre en la blanca pared, seguía en su lugar. No seguía patrón alguno, pero se escurría y llegaba al suelo para terminar cayendo a través de una rejilla convenientemente ubicada. Avancé sujetándome de los objetos para evitar caer, volví sobre mis pasos rememorando la situación en búsqueda de una evidencia que avalara mis memorias. Sin ninguna delicadeza por estar en una presunta escena del crimen, revolví en mi desesperación los objetos que me rodeaban. Volteaba sillas, movía tazas, lapiceras. Estaba seguro de que lo había vivido. Sudaba, perdía de a poco mi paciencia. Miré hacia la hora en el reloj de pared, con sorpresa inquietante descubrí que la sangre se había escurrido casi en su totalidad. La puerta se abrió de golpe y un hombre entró a la habitación, preguntó qué estaba haciendo yo allí. En mi frenesí, resolví por no voltear ni mirar su rostro. Su traje de oficina evidenciaba que trabajaba posiblemente en esta misma  habitación. Le respondí que buscaba algo. Inconforme y aún con más incertidumbre que respuestas, insistió con su interrogatorio. No respondí, me sujetó del brazo fuertemente y actuando violentamente golpeé su rostro derribándolo. Decidí calmarme para evitar mayores problemas. En  ese momento tuve una profunda revelación que cambiaría mi vida. Estaba de espaldas a la puerta aún abierta,  pero aún así sentí ingresar  a alguien. El chirrido de la puerta anticipó su entrada. Se escucho el ruido inconfundible del arma a la cual se le quita el seguro. Con voz firme nos obligó a tomar posición de rodillas. El hombre hizo caso. Yo ya no temblaba; sabía qué sucedería después, actuar era la única solución. 

                                                                                                   Mathias Nuñez.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Pobres miserables.

Pobres borrachos sufriendo por amar a mujeres de corazón duro y frío
Podres mujeres amando a borrachos con el corazón debíl.


sábado, 14 de diciembre de 2013

La mujer que amaba a cualquiera.

Marta cada día se hace más mujercita y lo digo yo que la e visto con sus minis faldas y sus escotes que dejan ver más allá de lo que uno tendría que mirar.
Marta apenas tiene dieciseis y toda una vida bajo sus bragas, camina siempre a paso rápido
siempre esta en aquella esquina con un cigarro en la boca y sus tacones que la hacen ver un poco más alta, sus labios maquillados de un rojo intenso que hacen ver su piel un poco más blanca y sus ojos llenos de ilusión.


Me gusta pensar que Marta es de esas mujercitas que buscan amor en cualquier parte incluso en cualquier persona
vende sus besos al mejor postor, y da caricias a cambio de un poco de plata
No puedo juzgar a Marta, quién no quisiera amarla siendo tan hermosa, tan ella...
Siempre se le ve una sonrisa en el rostro y cuando lo hace apenas y notas sus ojos, tiene esa piel tan fina y transparente y una cabellera
en un tono rojizo. A veces cuando la veo pasar por un poco de leche, alcanzo a mirar sus pecas que cubren sus mejillas. Siempre que veo a Marta
me la imagino sentadita a mi lado con aquel vestidito rosa que un día uso para ir a misa un domingo, me la imagino junto a mi, mirandome a mi
y escuchando un te quiero de sus labios...

**********

Siempre están esos viejos regalando besos a Marta, diciendo cualquier tipo de alago incluso le cantan y Marta siempre les agradece con una sonrisa
ella no se ve como una niña de dieciseis parece que tiene treinta y cuantos, lo digo por su forma de actuar, va en la vida buscando aventuras de una noche
incluso solo de minutos, conoce lindos lugares y siempre busca la mejor ropa para sorprender a sus amoríos. Parece que mi Marta va de paso en la vida
y que solamente busca un poco de compañia y con suerte algo de cariño, es de esas chicas que dejan ver sus finas piernas y su piel tan delicada,
arreglan su cabello para llamar la atención de cualquier hombre que quiera amarlas por un momento.

No podrías resistirte a alguién como lo es mi Marta, muchos dicen que cuando estás con ella te sientes amado, supongo que es parte de su trabajo.
Le gusta beber café por las mañanas y siempre deja marcados sus labios en la taza, nunca se le ve triste, ni mucho menos amargada por la vida que le toco.

Para Marta alimentar la boca de sus tres hermanos es lo primordial y más aún cuando la vida es puta contigo, pero para ella no es una carga, más bien es un deber. Por esas cosas admiro tanto a Marta por ser ya una mujer en un cuerpo de una de dieciseis, por ser tan fría con la vida y tan calida con los demás
por alegrar las noches de las personas, y por el simple hecho de existir y de ser Marta.



Llegue a pensar que Marta es feliz haciendo eso, que nadie nunca podra darle lo que esos tipos le dan
ni siquiera yo, que quizá su vida se acostumbro a ser de esa manera, quizá existen otras formas de sentirse amada y está sea una de ellas.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Las letras que se marcharon.

Se me van y se confunden con el viento de Diciembre
se pierden entre las nubes y emigran junto con los pájaros
juegan entre las olas pero jamás vuelven con ellas
recorren mis sueños y me llenan la cabeza solo de frustraciones
Musa que te perdiste entre las flores aquella mañana
Insipiración que se enfrío con aquel café de tarde
Esperando llevo casi años por ustedes, vuelvan a mi regazo y dejen que plasme letras con sangre
juegen con la tinta que se derramo en la mesa, juegen con las hojas que hoy las cubre el polvo
pero no se marchen más, no se dejen llevar por el viento
no escuchen más a los pajaros y regresen a mi...

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Solo un café.

Yo solo quería un café sin azúcar
Solo quería sentarme y tomar café...
Un café en la calle de Banfield y quizá una luna llena
Solo quería pensar y quizá leer un poco
Quería sentarme en la mesa a pensar, o quizá a pensarte.
Quería sacudirme tu recuerdo de mi camisa, quitarme tus caricias de mi mejilla, y fumarme tus besos
No te lo niego yo solo fui por un café para olvidarme de ti.... pero te vi ahí, ibas caminando tan feliz
Y cambiaste mis planes, mi meta, mis sueños cambiaste mi noche
Me quitaste mi luna llena y con ella me trajiste nubes grises

Yo solo quería un café, pero mira que cruel es la vida ahí estabas tú tan feliz, y allá estaba yo con un mar en los ojos y yo que solo quería un café para culpar mis desdichas y no recordarte nunca…



lunes, 2 de diciembre de 2013

Tardes con Julie.


-Me gusta este lugar oscuro. –Se dijo Julie a sí misma.
Hacía mucho que Julie no había tomado sus pastillas de las 6:00 am, se pasaba todo el día sentada en aquel frio piso, con suerte cantaba alguna que otra canción en una voz tan baja que apenas y ella escuchaba.
En muchas ocasiones la encontró dormida, estaba tan pálida, su cabello parecía estar en otoño, puñados de el caían al piso, sus piernas estaban flacas y con morenotes, algo era seguro Julie habita enfermado otra vez.
-¿Qué te pasa Julie? Le pregunto aquel hombre con voz de lastima.
-Mejor di, que no me pasa. Le contesto Julie un poco brusca.
                                    
                                  Cargaba en sus ojos tanto dolor, y sus huesos eran el reflejo de la mala salud que tenía.
-Julie, vamos a salir, vístete Julie iremos al médico.
Apenas y le escuchaba Julie, siempre se centraba en un punto vacío en el horizonte, casi siempre mantenía la mirada fija buscando algo que obviamente no estaba

-Buenos días Doctor Ben.
-¿Qué te trae de nuevo por acá buen hombre?
-Julie enfermo de nuevo, y esta vez es un poco más grave.
Julie estaba al otro lado del pasillo sentadita en una banca, con las piernas encogidas y su vestidito rosa.
-Julie, ven acá. –Le dijo aquel hombre.
-¿Julie no has tomado tus medicamentos cierto? –Le dijo el Doctor.
Julie no contestaba, parecía que no estaba ahí.
-Doctor, lleva semanas así, yo no sé qué hacer, con mi trabajo no puedo estar siempre a su pendiente, es mejor dejarla unos días acá en el hospital así mejorara.

                      Y así fue, Julie pasó sus siguientes semanas en aquel hospital.

Solamente era una niña, cuando Julie conoció a aquel hombre, siempre se quejaba de la ropa sucia, de las telas de araña en las ventanas, y a veces de la vida. Era una niña insegura, un poco deprimida, pero era su Julie. Sus días iban de maravilla, él siempre llegaba de su trabajo y encontraba a Julie sentada en el sofá tomando café y comiendo palomitas a veces llegaba por las madrugadas y la encontraba dormida en aquel mismo sofá esperando a su amado.
No entendía porque Julie enfermo de un momento a otro, parecía que su Julie se había marchado con aquella primavera, parecía que su niña estaba dormida y no lograba despertar, aquella enfermedad se la había arrancado de sus brazos.
 
                                      3:50 am.
       -Je t'ai attendu cent ans dans les rues en noir et blanc
Tu es venu en sifflant…
Cantaba Julie para sus adentros cada madrugada.


-Buenos días mi amor, ¿Cómo has amanecido?
Julie solo lo mira, y de nuevo sus ojos parecen tener aquel brillo.
-¿Por qué me has dejado aquí? –Pregunta aquella chica con una voz un poco quebrantada.
-Porque me importas Julie, no quiero que sigas mal por mi culpa.
Aquella chica de piel blanca y cabellera larga en un color café se había marchado, parecía que Julie cada día enfermaba más aquellas células corriendo por sus venas, queriendo ganar una batalla contra ella misma.

-Perdón por ser una carga. –Le decía Julie con los ojos bajos.
-No eres una carga, no soportaría perderte, sé que ganaremos la batalla de nuevo, sé que vamos a llegar a casa a escuchar Éblouie Par La Nuit, sé que te veré de nuevo sentada en aquel sofá esperándome con tu sonrisa torcida, sé que te veré de nuevo sonriendo por aquellos zapatos rojos que un día te regale, sé que serás mía de nuevo, lo sé…
 
Aquel mismo día, Julie sufrió una recaída, su nariz sangraba demasiado, sus manos estaban más frías de lo normal, sus ojos tenía un color rojo Julie parecía ya no aguantar más aquella batalla. Estaba en aquella camilla recordando lo feliz que fue con aquel hombre, lloraba como una niña pequeña, no quería soltar la mano de su amor, no quería dejar de escuchar su canción preferida, no quería ser solo un recuerdo.

-Julie, amor, háblame se que estarás bien tenés que ser fuerte resistí yo estoy con vos. –Decía aquel hombre desesperado y llorando como nunca.

Habían pasado ya 4 horas, Julie estaba un poco mejor, quería ver a aquel hombre. Los doctores habían dicho que no pasaba de esta noche.

-¿Me vas a dejar Julie?
Julie solo sonrió y sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Sabes que te voy a esperar en cualquier lugar, no sé dónde iré a parar, pero quiero creer que vos iras por mí en unos años.
Aquel hombre sentía como puñaladas en el pecho, un nudo en la garganta no lo dejaba en paz.
-Te amo mi pequeña Julie, prometo sentarme cada tarde en aquel sofá, mirar al horizonte y esperar verte, voy a esperarte llegar, te voy a buscar mi amor nunca soltare tu pequeña mano.
A pesar de aquella apariencia que Julie tenía en aquel momento, para aquel hombre ella seguía siendo tan hermosa como antes.
Se acostó a un lado de Julie y la beso, sentía aquel cosquilleo como la primera vez que la beso en aquel callejón, quien iba a pensar que aquel amorío de una noche pasaría a ser algo más.


                               12:59.
Julie se ha marchado, soltó la mano de su amado y su corazón ha dejado de latir.
Aquel hombre llora desconsolado en aquella camilla, porque se había ido Julie, no sabe qué hacer, fuma sin parar, se refugia en aquel sofá, prepara café cada noche pero siempre se enfría, él nunca lo toma.
           Noche tras noche se escucha la misma canción que sale de aquella vieja casa, se le ve aquel hombre cansado y con ojeras sentado frente a la ventana…


Je t'ai attendu cent ans dans les rues en noir et blanc

Tu es venu en sifflant.