miércoles, 30 de julio de 2014

Utopías 6

¿Sabe usted a donde van las lagrimas?
Mire aquel río... tan tranquilo, tan serenas sus aguas ¡ay mire un pez! fíjese bien en lo transparente que es este, hasta parece que es un espejo. Sabia usted que si se acerca, se sienta en aquella piedrita, toma un poco de agua con sus manos y seguido de esto las lleva a su rostro automáticamente usted ha de llorar pasado cinco minutos?
El pecho le presionara de tal manera que usted ha de sentirse nostálgico, miserable pero afable, lejano de toda realidad, ajeno a su propia vida... Usted sentirá aquel nudo en la garganta; no es para más los peces se han mudado a ella y ahora ese es su hogar, le invadirán montones de cosquilleos en su estómago y se preguntara ¿Qué me sucede? no se preocupe... usted ya se habrá empapado de recuerdos, usted ya esta hasta el cuello de lagrimas de otros, usted esta sufriendo las penas amargas de José y de la pobre María. No desespere, en unos años se le pasara. Tan rápido pasa el tiempo dice aquel marinero, los barcos se asoman y parecen edificios flotando; una ciudad fantasma. Fíjese usted bien de que manera empapa su rostro con lagrimas que no son suyas, con recuerdos que le carcomen toda paz. Usted esta herido, tiene el ''el alma ajada'' ya no será igual, señor, descuide, pronto han de venir más días y nuevos charcos de agua ¡plap un pez se a suicidado!
llore, llore... Usted dejo de ser usted; ya es mar, usted ya es todos y menos usted, señor.


viernes, 25 de julio de 2014

Utopías 5

''Usted es hermosa María, habría que verle con ojos de pez para no darse cuenta
lleva el alma carcomida y la esperanza un poco ajada usted es tierra húmeda en otoño...''
Quería pensar que en este lugar las lagrimas no te eran amargas, que el mar contenía toda la sal posible y que el cielo lloraba penas dulces
la brisa de Abril te acariciaba el rostro, las hojas se suicidaban una tras otra.
Ciertos días si te asomabas al río e introducías tus pies te dabas cuenta que al emprender la marcha estos se llenaban de recuerdos
aquellas aguas llevaban consigo miles de llantos que las personas dejaban ahí. Uno quedaba empapado de ellos y por las noches era necesario bañarse con agua tibia y aceite de coco.
El día estaba roto y la noche tenía agujeros por todos lados.
La luna se deslizaba en aquel balde de agua que Mario tenía para rociar las flores, la luna sonríe al pueblo ajeno a la libertad, al anhelo.
Gentes de ojos enormes afables e hipócritas vigilan cada huésped que se hospeda en aquel sitio, se les ve gigantes y grotescos llenos de dudas y cansados de vigilar almas moribundas.
(...) un marinero llora porque el mar se llevo a su amada
su amada llora en la orilla porque aquel marinero jamás regreso
-Y si yo nado y nado y cruzo aquel mar quizá le vea, quizá este ahí sentada y su cabello este cubriendo su pecho lleno de pequeñas estrellas que acaban de nacer
quizá me mire y me reconozca... Soy su amor, soy quién ella espera, su amado; ese soy ¡Oh amada mía cuando será el día en que el crepúsculo nos una! lloro las penas amargas
lloro el canto del pájaro lloro tu ausencia....
La tarde tiene el color de sus mejillas
un infierno arde allá arriba y el viento es testigo de ello, el sol moribundo da sus últimos suspiros y el rostro de María tiene aquel color
su piel se vuelve color fuego. El último suspiro la a desnudado, estamos juntos frente al punto de la eternidad, estamos unidos desde fronteras diferentes...
Corre María, corre por el campo y llega hasta mis brazos amada mía, te deseo como el ciego desearía ver un ocaso, un cielo todo pálido, la luna.
Que la mañana se vuelva noche
que las golondrinas te dibujen en Mayo
que el cielo arda como ardería un alma carcomida
que muera la primavera si ha de venir Diciembre y el viento ya no sopla igual
que muera yo para que un ave me recorra como recorre aquel cielo; donde vos no estas.

sábado, 19 de julio de 2014

Utopías/ Carta a María.

-Yo le quiero María, le quiero a mares, a ríos, le quiero de acá a toda la vida. Usted sabe a-mar, jamás dejo de correr por el campo
se le asoma el sol cada vez que usted abre esos ojos, sus mejillas son clara señal de que usted esta nerviosa... Le gustan los girasoles; y tanta alergia que estos le causan, ayer pensé en usted
por trigésima vez, pensé en sus rodillas tan delicadas, en lo rosada que es su nariz y en el diente chueco que asoma cuando usted sonríe. ¿Cómo le marchan las noches?
Yo le extraño y no sabe cuanto, María, bonita María, bonita y mía.
En la esquina de mi casa hay una señora, una llena de pecas por todo el rostro y me ha dicho
-Hombre tan testarudo que sos, tan necio y cobarde, ¿de qué te sirve la corbata? sos tan soberbio, anda búscala y llevatela, corre y decile que le queres, no esperes que la vida venga y se la lleve por vos-.

Me recordó tanto a Lucía, ¿cómo esta ella? estoy seguro que aun conserva aquel olor a jabón de hotel, que aun ocupa aquellos anteojos que le hacen ver sus ojos como los de un pez
María, dígame una cosa, ¿allá hace frío? acá si, todas las noches, afuera llueve, llueve a montones y las personas corren como hormiguitas, los paraguas se ven más de lo normal
y las gentes de ojos grandes beben el café y sólo observan como la lluvia empapa todo a su paso. Me da vértigo ver que la lluvia se va colando por aquel hueco que hay en mi cuarto.
Ojala me escriba pronto, María, ojala vuelva a decirme que me quiere a océanos. Vamos a mirarnos un día cualquiera y nos vamos a reconocer, usted lo sabe María, somos encuentros que no se dan en el momento
justo, usted esta tan allá, esta en ese lugar donde no hace más que llorar, allá para usted las flores no florecen de la misma manera que acá, allá usted es tan de ellos María.

Me voy marchando porque estoy en aquel parque donde nos solíamos encontrar, usted se pasaba junto a mi con aquel vestido y sus zapatos rotos, jamás sonreía y siempre llevaba la mirada baja
sabe? el árbol de naranjos se ha secado, pobrecito pienso, tanto que le gustaba María... Los niños han dejado de jugar en la rueda y sus padres están más arrugados, todo cambio acá; desde que se marcho. No olvide
tomar su medicamento, no me olvide a mí, María.

Yo le quiero, le quiero a mares...


José.

sábado, 12 de julio de 2014

Utopías 4

Escríbeme decía María, escríbeme como un enamorado escribiría en plena agonía.

El campo tenía aquel olor a maíz y los naranjos comenzaban a dar su fruto, el día transcurría lento y lleno de gratitud
el alma les sonreía con tal hilaridad a Mario y a su mujer que la casa parecía un poco menos sucia que ayer. 
Olía a libertad en aquel lugar, olía a serenidad y a veces a sexo. Una velita titiritaba junto al rostro de aquella señora; cobarde que sólo hace más que llorar, parecía ahogarse en su propio recuerdo.

''París decía José, París es como una tormenta en la calle Rue Martel, llueve a montones en París, allá los amantes son el fruto de lo que llaman amor
en el canal de Saint Martín las personas quisieran lanzarse, sabes María he visto como muchas personas querían lanzarse al abismo y quedar ahí mismo
¿y los sueños? ¿y el café de don Pedro? Donde quedan los ayeres, por cierto tenes que probar el café de ese viejo amargado.
María discúlpame por contarte estas barbaridades pero no encuentro que más decirte
que bonita debes de estar, a ver cuando vamos por los campos de aquel lugar, a ver cuando volvemos a querernos.''

Las cartas jamás fueron llevabas por aquel pájaro, jamás un cartero toco la puerta y entrego una carta, jamás la luna fue testigo de las lagrimas de una joven enamorada
el sol prefería ocultarse que ser parte de las desdichas de aquella joven.

Las golondrinas le dolían al señor que había perdido a su hijo aquel 2 de agosto, -el mundo le dolía - decían los vecinos,
míralo ahí todo sucio y desahuciado, la vida le odia, le aborrece, pobre hombre... el pecho le debe presionar, cuanta miseria debe de invadirle en estos días
Pobre Juan, porque él fue un buen niño; no debió cruzar las vías del tren y este no debió adelantarse cinco minutos, él todavía estaría yendo por pan... todavía estaría corriendo y raspando sus rodillas.

Como dolían los días en este lugar repetía un marinero que años atrás dejo la mar
como nos duelen los otoños que traen consigo más que hojas y penas, allá todo debe marchar mejor, allá todos lloran y no se ocultan tras la ventana a observar la vida pasar.
Canta ruiseñor, canta
La vie je se vise en sifflant dans l'avenue de l'agonie, chante femme il chante...

José escribe cada mes y espera una respuesta, espera que la joven sepa que aún le ama y que desea mirar sus mejillas carmesí
Doña llanto llora en su habitación porque su marido un día marcho a la guerra y las noticias parecen tan lejos de llegar
Mario camina por el jardín y observa la flor que pronto ha de partir...

Las personas de ojos grandes ríen a montones y la luna les observa con vértigo, un niño llora al lado del río; sus lagrimas ya son parte de éste, ahora los recuerdos no le saben a sal
acá la lluvia pocas veces empapa el cuello de las personas y los pies se les llenan de arena y de miseria.
Cantan eternamente, cantan las golondrinas y la vida vuelve a ser vida.

sábado, 5 de julio de 2014

Utopías 3

 Las personas lloraban cerca de un corazón frío y amargo
suspiraban cerca de su pecho y más lagrimas brotaban de aquel pálido rostro
Se les miraba correr por aquellas colinas, buscaban aquel mar donde un señor de barba gruesa un 7 de abril decidió ir a-mar abierto, donde una mujer arrugada por tantas historias que se le aferraron a su frente sigue llorando, llorando las penas amargas, llorando porque un niño le ha dicho que su cabello ahora es blanco... Ella era bella piensa el señor del frente, sus pechos firmes y aventureros, sus ventanitas puestas en su rostro que al asomarse el sol se abrían.
La flor que se a marchitado por culpa de Mario, -ah que hombre más distraído- piensa su mujer mientras prepara aquel asado que su marido tanto ama.
El día transcurre porque la noche en unas horas será testigo de los amantes que se aman en el piso número 3, las estrellas titiritean y la luna mengua mientras que una joven de piernas delgadas tan perfectamente talladas corre por el campo con aquel vestido rosa, corre soñando con un día encontrar a Jose.

Jose escribía una carta que jamás llegaría a María, aquella joven que solía correr por el campo. El alma arde y los pies se llenan de arena piensa Jose.

Los días transcurren todos extraños, todos pálidos, todos fríos, las gentes de ojos grandes vigilan cada alma que intenta marcharse de aquel lugar.
Así son los días aquí piensa aquel pobre hombre que acaba de perder a su hijo, así son las cosas cuando uno no esta muerto.