-Yo le quiero María, le quiero a mares, a ríos, le quiero de acá a toda la vida. Usted sabe a-mar, jamás dejo de correr por el campo
se le asoma el sol cada vez que usted abre esos ojos, sus mejillas son clara señal de que usted esta nerviosa... Le gustan los girasoles; y tanta alergia que estos le causan, ayer pensé en usted
por trigésima vez, pensé en sus rodillas tan delicadas, en lo rosada que es su nariz y en el diente chueco que asoma cuando usted sonríe. ¿Cómo le marchan las noches?
Yo le extraño y no sabe cuanto, María, bonita María, bonita y mía.
En la esquina de mi casa hay una señora, una llena de pecas por todo el rostro y me ha dicho
-Hombre tan testarudo que sos, tan necio y cobarde, ¿de qué te sirve la corbata? sos tan soberbio, anda búscala y llevatela, corre y decile que le queres, no esperes que la vida venga y se la lleve por vos-.
Me recordó tanto a Lucía, ¿cómo esta ella? estoy seguro que aun conserva aquel olor a jabón de hotel, que aun ocupa aquellos anteojos que le hacen ver sus ojos como los de un pez
María, dígame una cosa, ¿allá hace frío? acá si, todas las noches, afuera llueve, llueve a montones y las personas corren como hormiguitas, los paraguas se ven más de lo normal
y las gentes de ojos grandes beben el café y sólo observan como la lluvia empapa todo a su paso. Me da vértigo ver que la lluvia se va colando por aquel hueco que hay en mi cuarto.
Ojala me escriba pronto, María, ojala vuelva a decirme que me quiere a océanos. Vamos a mirarnos un día cualquiera y nos vamos a reconocer, usted lo sabe María, somos encuentros que no se dan en el momento
justo, usted esta tan allá, esta en ese lugar donde no hace más que llorar, allá para usted las flores no florecen de la misma manera que acá, allá usted es tan de ellos María.
Me voy marchando porque estoy en aquel parque donde nos solíamos encontrar, usted se pasaba junto a mi con aquel vestido y sus zapatos rotos, jamás sonreía y siempre llevaba la mirada baja
sabe? el árbol de naranjos se ha secado, pobrecito pienso, tanto que le gustaba María... Los niños han dejado de jugar en la rueda y sus padres están más arrugados, todo cambio acá; desde que se marcho. No olvide
tomar su medicamento, no me olvide a mí, María.
Yo le quiero, le quiero a mares...
José.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario