-Usted sufre porque quiere Rosa.
-No señora, es que fíjese como llueve afuera, mire que fuerte esta lloviendo... charcos por allá, charcos por acá. Mire un charco bajo sus faldas
-La casa ya es vieja Rosa y apenas tengo para el café ¿cómo podría yo cambiar el tejado?
-No importa Marta, sólo estoy esperando que se pase esta lluvia, afuera seguro hace un frío bárbaro. Estas noches le gustaban a Jaime... se preparaba café y el humo salia de su boca, le gustaba tanto mirar por la ventana como caía cada gotita. Sabe, Marta, a veces extraño a Jaime, a veces quisiera ir y decirle que es un imbécil, en cambio otras sólo quisiera envolverme en las sabanas con él.
-Rosa, Rosa... ¿Por qué sufrís tanto por ese hombre?
-Por ingenua Marta, porque le quiero al desgraciado ese, le quiero hasta lo más profundo de mis entrañas, le quiero porque él a mi no, por eso. No encuentro otra manera de explicármelo, Jaime es idiota, siempre se la pasaba buscándole un por qué a la vida, qué por qué esto, que por qué aquello y así se nos pasaron los años. Ay Marta si usted supiera lo feliz que fueron nuestros ayeres.
-Rosa, mire afuera como las correntadas se llevan las hojas de aquel árbol, vea como arrasa con todo ¿se fijo en la señora que paso corriendo? Deje de pensar ya en ese hombre, déjelo ir...
-¿Cómo podría dejarle ir? dígame Marta, si le extraño cada miserable noche, si le pienso como loca por las mañanas, extraño su mal humor y su ceño fruncido. Lo extraño y no hay manera de olvidarle, no puedo hacerlo, me niego, no podría.... Jaime será esa pequeña parte que me duele en el alma, él se fue pero me llevo consigo y yo, yo ahora sólo soy alguien que vive por vivir.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario