viernes, 27 de junio de 2014
Utopías.
...Pero entonces las alas me servían nada más para rozar las nubes, para cargar con cientos de almas dentro mío, para ser menos prisionero de la vida. Las alas me servían para saber que allá donde el sol se asoma y aquellas nubes le cubren para que en aquel charco se reflejen pequeños rayitos los días no tenían nombre, no existía aquel señor que te recordaba que pronto has de partir de tierra firme. Las personas de ojos grandes y corazones fríos decían que acá todo era utópico, que la lluvia les empapaba porque alguien lloraba cerca del sol y este mejor se dormía y que la luna era amante del día porque la pobre se sentía tan solita en aquel cuarto donde un negro brillante te dejaba ver hasta la más mínima cicatriz que tenía cada ser que habitaba cerca de ella. Acá no se sabia si mañana morirías o si hoy al caer el sol tus ojos jamás volverían a sonreír con tal hilaridad como la mañana anterior. Las flores crecían como un árbol lo haría, los pájaros cantaban mientras un sueño dormía y la vida, la vida era eso un golpe de alegría como cuando abres la ventana y el sol te besa el pecho y el día transcurre todo bonito, tan día y menos noche.
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